domingo, 14 de diciembre de 2008

Mi aventura de ser docente

Durante los 24 años de servicio que llevo en el sistema de educación tecnológica agropecuaria, todos ellos en el mismo plantel (CBTA 171), he sentido altibajos en la labor que cotidianamente desempeño en los grupos. Cuando inicié, al no tener experiencia en la docencia, traté de implementar lo que hacían los maestros que me formaron a través de mi paso por la escuela, y que yo consideraba que hacían bien su trabajo. Sin embargo, con el paso del tiempo me percaté que la función docente requiere mucho más.

Me di cuenta que ellos carecieron también de un soporte didáctico y pedagógico para la transmisión de saberes y el alcance de los contenidos de los programas.

Optimizar el tiempo dentro o fuera del aula atendiendo a los estudiantes es una labor complicada, requiere de una buena planeación, con actividades variadas que faciliten la relación entre el docente y los estudiantes.

Siempre me he inclinado por atender asignaturas de tipo tecnológico, las cuales se caracterizan, al menos en la carrera de Técnico Agropecuario, de tener objetivos muy ambiciosos, con contenidos programáticos muy extensos. Los programas habían estado enfocados a describir la forma de enseñanza, con el maestro como principal protagonista.

Con el modelo actual, producto de la reforma, se ha forzado más al maestro a desarrollar actividades que involucren al estudiante en un proceso de generación de conocimientos y habilidades, las cuales se deben evidenciar en el proceso evaluativo.

En lo particular, me agrada más el modelo actual, por que me permite flexibilizar los tiempos y contenidos del programa, adaptarlo a las circunstancias propias del entorno y de los estudiantes y, algo importante, posibilita evidenciar el aprendizaje de cada uno en lo individual.

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